domingo, 13 de septiembre de 2015

La antena - ejercicio de escritura creativa - Monólogo.

Un nuevo ejercicio de escritura creativa que realicé hace unas semanas y que entre unas cosas y otras no he podido subir hasta ahora.

Se llama LA ANTENA y es un breve y sencillo monólogo desde el punto de vista de una antena común y corriente situada en el tejado de un apartamento. La idea es bastante sencilla y lo que se trabaja en el ejercicio es eso, narrar desde un punto de vista diferente al que suelo estar acostumbrado.

El relato lo podéis leer en Wattpad haciendo clic en el siguiente enlace:
Leer - LA ANTENA online (Wattpad)

Y también podéis leerlo desde este mismo blog a continuación:


LA ANTENA

Malditos pájaros, id a posarse sobre la madre que puso los huevos de los que salisteis y dejadme a mí tranquila, cabrones. Cada día tiene que haber algún pájaro tocapelotas que no tiene nada mejor que hacer que venir aquí, al tejado de los García, a posarse sobre mi persona, o, mejor dicho, sobre mi antena, porque yo no soy una persona, ni un poste para aves, y tampoco un espantapájaros. Soy una maldita antena.
Mi trabajo es tan sencillo como aburrido. Yo me pongo aquí, en el tejado, apuntando hacia el barrio marginal de la ciudad, sin posibilidad de mirar a otro sitio, y mientras voy captando la señal de la televisión. Mi vida es horrible. Al principio no estaba mal, me entretenía hablando con otras antenas, que aquí arriba no soy la única, aunque algunas están en el edificio de enfrente y me obligan a gritar para poder charlar con ellas, pero aún así lo pasábamos bien, bueno, lo pasábamos. Hablo en pasado porque no hace mucho tiempo que esas antenas fueron reemplazadas por otras más modernas. La vida es cambio, vale, Señor Nietzsche, lo acepto, pero es que estas antenas nuevas son tan modernas que se creen mejores que yo. Son muy prepotentes; me tratan mal y me marginan por ser diferente (más antigua); no me hablan; y para colmo los pájaros solo se posan sobre mí, a ellas no se acercan ni para cagarles encima. Todos los marrones me caen a mí, literalmente.
No estoy pasando por el mejor momento de mi vida, eso es evidente. Pero no penséis que soy una antena negativa. Me gusta ver el lado bueno de las cosas, digo verlo en sentido metafórico, porque lo único que veo es un barrio de delincuentes, terrazas, patios y balcones.
Mi sueño es enamorarme. Pienso en positivo. Estoy seguro de que algún día instalarán una nueva antena que se enamore de mí y me haga el pincho de metal más feliz de toda Barcelona. Estoy seguro, más o menos. Bueno, muy seguro tampoco, simplemente guardo la esperanza, porque la esperanza es lo único que me queda. La esperanza y las cagadas que los pájaros han dejado sobre mí. Estoy echa un asco. Ya podrían volver los hombres que me colocaron aquí y limpiarme un poco…
Pájaros en verano, lluvias en otoño, nieve en invierno y tormentas en primavera, todo eso acompañado de un fuerte viento durante todo el año. Luego se quejan de que no pillo bien la señal de la televisión. Normal, si ya me cuesta lo mío mantenerme aquí arriba, que no es fácil. Sufro por si me caigo, que seguro que si me voy ya no vuelvo, me cambiarían por otra y me tirarían a la basura…
Bueno, os hablaré un poco de mí. Yo llegué a este edificio en 2009, y estuve bien hasta hace unos meses, cuando vinieron las nuevas antenas. Tengo seis años, no es una larga vida para una antena, pero con los tiempos que corren nunca se sabe cuánto me puede quedar de vida útil.
He transmitido miles de programas, cientos de capítulos de Los Simpson y películas de todos los géneros, pues bien, algo que me molesta mucho es que saquen películas sobre los juguetes, sobre los peces, sobre los animales y sobre cualquier tontería, pero no sacan ninguna película hablando de la vida de las antenas, y si la han sacado yo no la he transmitido. Mi vida no es muy interesante, pero decorándola un poco podría quedar una obra audiovisual de esas que emocionan a la gente. Me haría famosa y podría ir a recibir señales por todo el mundo. Haría giras y vería mundo.
Tengo mis sueños y mis aspiraciones, sé que son imposibles, pero los tengo.
Paso mucho tiempo aquí arriba, y ahora que no hablo con nadie pues me da para pensar y reflexionar sobre mi propia existencia.
Soy una antena, soy una antena…  Soy un pájaro que vuela libre por el cielo.

Es broma, no soy un pájaro, soy una antena. Un trozo de metal, un pincho, un palo…
Si llueve me mojo, si hace viento me balanceo, si hace calor me caliento, si me cagan los pájaros también me caliento, pero por el enfado que me produce.
No le busques mensaje ni enseñanzas a mi vida. No hay nada detrás de mí. Solo hago mi trabajo, somos muchos los objetos que nos sacrificamos para que todo vaya bien en las casas, las oficinas, los locales y edificios. Gracias a nosotros el mundo funciona como tiene que funcionar. No nos dan nunca las gracias, pero si no fuera por nosotras, las antenas, los humanos no podrían ver sus debates de Intereconomía, sus programas de citas entre barriobajeros de Telecinco. Ni me habéis dado las gracias, a mí o a las que trabajan como yo, ni me las vais a dar. No lo hagáis. No estoy aquí para enseñar, sino para quejarme, porque si no me quejo reviento; estoy harta de que me caguen encima, estoy harta de las inclemencias del tiempo; estoy harta de estar sola y de aguantar a todas estas antenas modernas, porque ni les hablo ni me hablan, pero entre ellas siempre están contándose cosas con ese acento pijo tan asqueroso que tienen.



FIN